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martes, 9 de febrero de 2010

Hacia 1984

"...Lo fundamental de la regla oligárquica no consiste en la herencia de padre a hijo, sino la perpetuación de una concepción del mundo y un modo de vida que generaciones desaparecidas le imponen a las que los suceden. Un grupo dirigente lo será en tanto monopolice la facultad de designar a quienes lo sucedan. Al Partido no le desvela perpetuar su sangre, sino a sí mismo en sus estructuras y conceptos. Poco importa quien usufructúa el Poder a condición de que la estructura jerárquica permanezca intacta.

Así, creencias, costumbres, aficiones, emociones y actitudes mentales que le dan carácter a nuestro tiempo sostendrán la mística del Partido evitando que la verdadera naturaleza de la sociedad sea percibida con crudeza por la masa. La rebelión física y todo prolegómeno a la rebelión no es viable en nuestros días. Nada hay que temer de los proletarios. Marginados y sin poder efectivo, continuarán, de generación en generación y de siglo en siglo, trabajando, procreando y muriendo, no sólo careciendo de todo impulso de rebeldía, sino del entendimiento que el mundo puede ser modificado.

Sólo se volverán peligrosos si los adelantos de la técnica industrial exigieran para ellos una mejor educación; pero dado que la rivalidad militar y comercial ha perdido importancia y el nivel de la educación popular declina inexorablemente, las opiniones de la masa son vistas con total desprecio. A los proletarios se les concede libertad intelectual dado que se les considera desprovistos de todo interés que no sea por lo inmediato. En cambio, a un miembro del Partido no se le tolerará la más insignificante desviació ideológica..."

(Extracto de la novela 1984, de George Orwell)